Quieren abrir una sucursal de “Eloísa Cartonera”

Es una propuesta de “El Cruce”, un proyecto artístico con fines laborales que comienza a despertar en barrios vulnerables de nuestra provincia, de la mano del Ente Cultural de Tucumán y la Asociación Crecer Juntos.

La creación colectiva es una olla en ebullición picante en algunos barrios alejados del centro. Un programa con ese nombre, “Creación Colectiva”, se dibuja a lo largo y a lo ancho en el circuito que comienza en El Chivero y termina en Pozo de Vargas, abarcando los barrios Juan Bautista Alberdi Norte (Trulalá), Aguas Corrientes, Muñecas I, II y III, Los Cuarteles, Villa Mariano Moreno y Barrio Echeverría. Es el área donde opera la Asociación Crecer Juntos, que junto al Ente Cultural de Tucumán, a través de su Dirección de Acción Cultural, trabajan de manera conjunta y sostenida en materia de creación artística en esas zonas de alta vulnerabilidad social. En los últimos meses de 2009, se sumó una nueva propuesta haciendo pie en ese soporte que coordina Ely Cárdenas, una enviada del Ente Cultural, con muy buenos resultados.

Ahora, “El Cruce”, un proyecto que tiene su matriz en la Capital Federal, acaba de aterrizar en esos barrios de la mano de la licenciada Carlota Beltrame, contagiando nuevos aires de expresividad. Durante la primera etapa de trabajo se convocó a los artistas Leopoldo Estol (de Buenos Aires), quien tiene una sólida experiencia en talleres artísticos con fines laborales, Lucrecia Lionti y Bernardo Corses. Y como los planes de trabajo son aire si no tienen futuro, ya están pensando en replicar una sucursal de la editorial Eloísa Cartonera durante 2010.

“Queremos abrir la mirada para no quedarnos en el simple goce estético. Con los desechos podemos hacer algo. El objetivo es que este proyecto genere a su vez bocas de producción. La editorial sería la segunda etapa de El Cruce. Y la tercera está relacionada con la producción textil”, adelanta Carolina Cazón, directora de Acción Cultural.

In situ

El entusiasmo es unánime, la música suena a todo volumen y el ruidoso grupo de niños y jóvenes acompañados por sus madres, desde muy temprano despiertan la atención del resto de la vecindad de un barrio que lleva el ilustre nombre Juan Bautista Alberdi Norte, pero que se conoce como Trulalá. Los chicos despliegan caminos multicolores de tapitas por las calles, mientras otros demuestran sus habilidades de música y danza. El escenario es propicio para cualquier actividad artística.

No es un disparate. La Filarmónica de Berlín llegó a la Avenida 9 de Julio, y desde entonces el arte contemporáneo, que había sido tomado como símbolo de glamour, produce un desplazamiento de toda la clase ilustrada. Ese es el argumento de Beltrame. “Ya no es el teatro el lugar de encuentro de esa clase refinadísima que consume cultura, sino que se ha desplazado hacia los museos, donde toda la ciudad construye su vidriera”, afirma haciendo suya la idea de trasladar ese nuevo concepto asimilando a la periferia.

Uno de los desafíos para 2010 es replicar Eloísa Cartonera, la editorial donde ya editaron sus libros Ricardo Piglia y César Area, entre otros. Está previsto que su propio creador, Washington Cucurto, venga a consolidar la sucursal a Tucumán.

Se trata de una editorial artesanal que produce a mano ejemplar por ejemplar con material de desecho. La idea es elaborar tapas de cartón para editar a escritores nobles, lo que generaría trabajo a los cartoneros.

Beltrame explica que habrá en estas acciones un doble propósito, además de crear la empresa, también se trabajará con los chicos de la calle que se están alfabetizando. “Queremos armar la cooperativa y que el acto de alfabetización se convierta en un echo estético, que ellos puedan publicar sus primeras letras y manejar la cooperativa de modo que puedan ganar dinero. Eloísa Cartonera es una marca registrada que ha tenido mucho éxito y que se estudia como un fenómeno en muchas partes del mundo”, precisó.

Se dictarán talleres que aspiran a dejar unidades productivas funcionando. Pero también habrá talleres textiles, con el único propósito de que los vecinos encuentren en la experiencia estética respuestas sus necesidades básicas.

-¿Cómo vivís esta experiencia? ¿Te desviás del camino estético?

-No me desvío de lo estético, para mí es muy importante. De todos modos disfruto mucho haciendo este trabajo. Me di cuenta que los técnicos son muy buenos, saben lo que la gente quiere y necesita. Me quedé muy sorprendida. Los niños son maravillosos. Hemos pasado mañanas muy divertidas escuchando a los Beathles, hemos tenido clases de relax.

A los niños les decíamos imaginen un color porque nosotros queríamos sacarlos de la figuración. Todos se imaginan marrón, gris y negro.

-¿Cuál es la finalidad última de este proyecto?

-Que lleven las obras al museo, queremos que los chicos repartan sus catálogos en las esquinas mostrando lo que saben hacen en vez de mendigar. Por supuesto son ideas en discusión.

Los talleres estuvieron a cargo de Leo Estol, que tuvo dos semanas de trabajo intenso con los chicos. “Ellos piden divertirse un poco y sorprenderse. Uno tiende los lazos y pareciera que la organización está antes que nosotros”, destaca.

-¿Puede mostrarse el trabajo de los chicos en un museo?

-Si armamos una trama los chicos puedan mostrar, tienen su potencial creativo, es como generar una manera en que todos podamos hacer algo y para mí eso está buenísimo.

Los chicos no están solos, siempre detrás de todo juego o aprendizaje están sus madres. En este caso, Claudia Díaz, una de tantas madres del barrio, quien estuvo a cargo durante ocho años de un Hogar Centro en su propia casa, donde daba el desayuno y el almuerzo a los chicos. El grupo es numeroso, alrededor de 800 chicos, entre 1 a 17 años, asisten a los 15 centros de la asociación. También tienen cabida algunos mayorcitos de 21 años, que desarrollan actividades en la sede.

Después de tantos años de trabajo, Claudia se convirtió en representante legal de Crecer Juntos.

-¿Qué significa para los chicos este nuevo proyecto?

-Para nosotros es muy enriquecedor porque fortalece a los niños, adquieren conocimientos y destrezas. A través de El Cruce con cosas mínimas, desechos, se ve todo lo que pueden crear los niños. Es muy importante que puedan manifestar y expresar su creatividad.

-¿Notás algún cambio desde el comienzo de los talleres?

-Estoy convencida de ello y por ese motivo estamos hace 16 años apostando a los niños, a la comunidad, porque vemos que es posible un cambio. Todo ello incide en la conducta de los chicos. Desde ahí pueden tener una mejor mirada del presente y hacia un futuro.

Entre la muchedumbre, un joven de 14 años, Cristian, se destaca por su versatilidad artística. Dibuja, baila, toca varios instrumentos y todo lo hace muy bien. “Vengo buscando dibujar mejor, sé hacerlo bien. Pienso que aquí voy a encontrar muchos artistas que nos pueden enseñar y ahora que lo conozco a Leo, me ha dado ha pensar muchas cosas”, dice.

Participó del Encuentro Internacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles para el Bicentenario, en Buenos Aires. Ha bailado también en el Teatro San Martín. “Todos me pedían que baile estilo Michael Jackson. Después hago muchas otras cosas. Toco la guitarra, el contrabajo”, explica. Y para eso se traslada a tomar clases en la Orquesta de Juvenil de La Bombilla. “Una promesa del barrio”, dicen sus allegados.

Por Patricia Rodríguez

Fuente: Ente Cultural de Tucumán

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