Sheila Alonso (Bilbao – España)
23 años – Psicóloga – Facebook
Las prisas y el ritmo de vida acelerado del llamado “primer mundo” no deja ni cinco minutos para ver la diferente realidad que hay en el otro lado del mundo; por eso me siento privilegiada y satisfecha de haber podido sacar la cabeza por la ventana un tiempo para impregnarme de esta forma de vida que tanto me ha enseñado.
En estos tres meses de voluntariado, que en un principio iba a ser uno y medio, pero se ha decidido alargar he tenido experiencias y sentimientos tan intensos y profundos que me resultan difíciles de describir en tan pocas palabras.
Me llamo Sheila, soy licenciada en psicología y después de muchas horas de vuelo desde Bilbao, aterricé con 23 años en Crecer Juntos sin saber qué me esperaba allí, intrigada, pero con ilusión y ganas de vivir algo diferente con mis dos compañeras y amigas, una experiencia que se ha ido convirtiendo poco a poco en la mejor de mi vida.
La organización cuenta con muchos proyectos que se renuevan y actualizan, donde he tenido la oportunidad de participar en los diversos talleres de murga, teatro, género, plástica, folcklore, risoterapia y relajación que creamos nosotras; encuentros, reparto de comida, actividades en los hogares, apoyo escolar y alguno más que seguro que se me está olvidando.
Pero lo que más me llama la atención es el interés y la capacidad que tienen los integrantes de la organización para llevar a cabo todas las actividades con una sonrisa dibujada siempre en los labios. Eso es lo que más admiro de ellos, que pese a las dificultades, que no son pocas, sean capaces de conservar el buen humor y trasladarlo a esos niños, que con diferentes problemas, les cuesta tanto sonreír, siendo esto lo que más necesitan.
Recomiendo a todas las personas que se estén pensando en ayudarse a si mismos y a los demás, que vengan a esta organización, que les esperarán con los brazos bien abiertos; y si no es posible, que apadrinen algún niño a través de “Comparte”, que en esta organización es bastante necesario.
Me marcho, pero dejo parte de mí acá, en Tucumán, un pequeño lugar en el mundo, donde viven personas muy grandes que se merecen mucho más de lo que tienen.
Se que siempre tendré la ventana abierta para que mi “habitación” nunca deje de estar ventilada.








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