Red Comparte – Identidad

Dejemos atrás la dominación por la ayuda

La Red Comparte, una experiencia novedosa en el mundo de las ONGS.

Por: Philippe de Dinechin – philippe@comparte.org

Una crítica profunda del sistema de cooperación tradicional condujo a cuatro ONGS a crear la Red Comparte. El sistema tradicional de cooperación que impera en el mundo sigue funcionando por el clásico patrón que marca el dinero, “la mano que da esta encima de la mano que recibe”, y esto se nota tanto en la práctica como en el lenguaje del desarrollo, multiplicando el sistema de dominación por la ayuda. Éste confiere a quien da, el poder casi exclusivo de decidir sobre el que recibe.

La Red Comparte nacida en febrero de 2003, apuesta por compartir el poder de información y decisión a todos los niveles, e influir positivamente sobre el trabajo realizado en las poblaciones más desposeídas.

Una dominación disfrazada

Habitualmente, los proyectos llamados de desarrollo se deciden en el Norte y se realizan en el Sur. De hecho, la presión ejercida por quienes tienen acceso a las fuentes de financiación, ya sean públicas o privadas, induce en gran medida que tipo de acciones se van a realizar. Esta suerte de dialéctica desigual entre actores puede llegar a desvirtuar la misión original de una u otra ONG.

La comunidad internacional, y la probable presión mediática del momento pondrán las prioridades: los niños de la calle, la violencia con las mujeres, las poblaciones indígenas, el sida, entre otros. Las organizaciones del sur muchas veces acatarán estas prioridades, aunque contradigan la realidad en la que viven y tendrán que adecuarse a la voluntad de las ONGS europeas si quieren algo del “pastel”.

Las ONGS  europeas tratan de imponer una serie de factores a las ONGS del sur sin valorar mucho su realidad cotidiana.

Unas imponen un sistema de contabilidad propio que se va a sobreponer al sistema que utiliza la ONG del sur, multiplicando así el trabajo administrativo que tanto denuncian. Piden además los originales de las facturas como muestra de su transparencia, menospreciando las obligaciones fiscales de estas en su país.

Otras enviarán personal expatriado que se encargara de supervisar el trabajo decidido en el Norte sin aceptar obviamente la reciprocidad en esta supervisión.

Sin embargo, las presiones pueden ser muy diversas y feroces, e influyen fuertemente para que se trabaje en tal o cual barrio o para que se haga una u otra actividad. En casi todos los casos decidirán en que quieren que se utilice el dinero enviado, dando lo justo para acabar el proyecto, pero nada o poco para las iniciativas propias de la comunidad.

Las formas de dominar se disfrazan sobre un discurso igualitario de moda. No se trabaja para los pobres sino a través de ellos, al final de cuenta es el dinero el que manda.

Todos somos iguales, pero YO decido

En este sentido el lenguaje es revelador. Las ONGS europeas hablan fácilmente desde sus sedes de “nuestros proyectos” o “nuestros beneficiarios” ocultando que estos proyectos son llevados a cabo muchas veces por organizaciones locales que a veces tienen una historia más antigua que su “proveedor”.

La misma palabra “proyecto”, es muy cuestionable. La cultura del proyecto, de la que viven muchas ONGS del norte, no da tiempo a realizar cambios en la estructura del tejido social donde se trabaja. A través de un proyecto se pone dinero, se hace algo, se evalúa y se acaba. Se priorizan los proyectos sobre los verdaderos objetivos y las verdaderas finalidades de ellos.

Las Organizaciones del Norte se pelean por la búsqueda del dinero, y se genera una verdadera competencia para tener más y ser los mejores. Lo notamos muy bien porque estamos dentro y no fuera de este sistema. Ser los que consiguen más es un espejismo de las ideas que sustentan hoy una cierta forma de actuar.

Dinero, intervención, transparencia y poder

En este sistema la herramienta principal de la dominación es el dinero que obedece a las prioridades de los proveedores de la ayuda.

Se puede constatar que las ONGS  del Norte intervienen más o menos pesadamente en la política de las ONGS del Sur sin aceptar reciprocidad. En el mejor de los casos se alimentan de la reflexión de sus contrapartes para mejorar la intervención. Pasa lo mismo con el dinero: Multiplican sus exigencias para controlar cada gasto, cada compra, sin pensar que la ONG del sur puede tener varias fuentes de financiación con exigencias diferentes.

De la misma forma, el tema de la transparencia financiera se trabaja sin tomar en cuenta la calidad y la eficacia del trabajo. Existen ONGS  especializadas en transparencia. ¿Con qué dinero se paga la transparencia? Muchas veces con el dinero de los donantes, un dinero que estaba destinado a los países pobres.

El sistema de cooperación es paradójicamente “feudal” y podría caricaturizarse así: Ponemos el dinero, hacen lo que pensamos que es bueno para los pobres y a cambio les ofrecemos sustento y protección.

El “Señor de la Cooperación” tiene el reflejo de mandar tanto a nivel ideológico como financiero, mientras que “El Vasallo” tiene el reflejo de pedir.

No hay que negar la gran utilidad de las ONG europeas que contribuyen por una parte, al bienestar de muchas familias pobres y por otra, a la sensibilización de la población europea. Al contrario pensamos que estas dos funciones deben seguir vigentes pero que deben ser pensadas de nuevo.

Si las ONGS  europeas son “el portavoz” de los sin voz, deben ser un verdadero portavoz.  Es decir una herramienta que sepa recoger “el grito de los pobres” sin demasiadas interpretaciones.

La Red Comparte intenta promover y desarrollar su estrategia a través de la puesta en común de los recursos

Viejos esquemas, nuevos reflejos

La Red Comparte nace de una colaboración que lleva más de diez años de práctica. Empezó claramente bajo el viejo esquema de dominación por la ayuda que tras el trabajo en común, varios encuentros, y sobre todo la calidad de las relaciones tejidas, nos empujaron a pensar en un nuevo sistema de trabajo desde la perspectiva justamente del poder.

Estos diez años de trabajo en Quito (Ecuador), Coronel (Chile) y Santa Bárbara (Honduras) nos condujo a unir fuerzas, recursos materiales y humanos con un objetivo común. Lo primero que nos dimos cuenta es que teníamos que aprender a desaprender los esquemas antiguos.

La praxis que corresponde a estos viejos esquemas funciona perfectamente pero que, de nuestro punto de vista, alejan el centro de poder de las situaciones que queremos cambiar. La diversidad de metodologías para diagnosticar, realizar o evaluar un “proyecto” de desarrollo es una producción occidental. Sin negar su valor y su aporte y sin sustituirlo por otro, queremos participar activamente en la elaboración de nuevos instrumentos a partir del trabajo en conjunto.

Analizamos proyectos “antiguos”, financiados por la comunidad Europea que pretendían terminar con el fenómeno de los niños de la calle en Tegucigalpa, Honduras en tres años. ¿Dónde han llegado?.

Estamos cansados de ver una avalancha de mensajes sobre la pobreza que buscan la emoción sin la comprensión y que muchas veces agudizan (exageran) la pobreza real para obtener más dinero. Sabemos que no todos los niños africanos son leprosos, y que en América Latina no todos los niños viven en la calle. Son países pobres, si, pero, ¿Pobres de que? ¿Ricos en que?

La valentía de compartir

Sabemos que cambiar de práctica no es fácil y puede ser peligroso y contraproducente. Cuesta porque estamos empapados de lo que hemos llamado el viejo esquema y al denunciarlo corremos el riesgo de aislarnos. Sin embargo, la Red Comparte desea contribuir en este debate sin tener una solución de antemano.

Partimos de la base de que las líneas de trabajo que estamos desarrollando: jardines infantiles, escuelas, centros educativos, trabajos comunitarios, son una apuesta para el bien estar de los niños y su crecimiento dentro de su comunidad. De una cierta forma apostamos por este camino sin excluir otras maneras de trabajar u otras acciones que pueden revelarse incluso mejores de las que estamos haciendo.

A partir de esta constatación, nos reunimos para dar forma a un trabajo en conjunto. El lema de nuestro primer encuentro, que tuvo lugar en Febrero de 2003 en la ciudad de Coronel, Chile, fue “Que bueno que estamos juntos”, subrayando la importancia de conocerse y de valorarse para empezar a trabajar.

“La Red Comparte es un espacio de relación  y acción conjunta entre organizaciones que comparten finalidad, objetivos y formas de trabajar para avanzar en la transformación de la sociedad a partir de la solidaridad con la infancia más necesitada de América Latina, hacia una sociedad humana justa y fraterna.”

“Queremos unir esfuerzos para proclamar, promover y desarrollar la dignidad de la persona y su entorno, a partir de la realidad de los niños y niñas de América Latina, gracias al aporte, apoyo y enriquecimiento mutuo de quienes constituyen la Red.”

Estas definiciones elaboradas en conjunto dicen que nuestro trabajo social no apunta a mejorar el gueto de la pobreza con acciones buenas como dar de comer, o vestir, para que los pobres sean más presentables. Apuntamos claramente por la construcción de una sociedad más justa y más fraterna, no para los pobres, sino para todos y con todos.

Con 10 euros al mes puedes salvar la vida de un niño

Estos principios, ¿Pueden de verdad guiar un trabajo cotidiano concreto? El viejo esquema contribuye a simplificar nuestra visión sobre la solidaridad y no contribuye a una educación solidaria

Con 100.000 euros se puede tal vez construir una escuela. ¿Que tipo de escuela? ¿Que tipo de educación se impartirá? ¿Para quienes? ¿A quién va a pertenecer esta escuela? ¿En qué se verá afectada la vida de la gente?

Sabemos que es más fácil obtener dinero para construir una escuela que para apoyar un proceso de trabajo de fondo. El culto de lo concreto oculta la ausencia de reflexión sobre lo que estamos haciendo. Podríamos decir, sin equivocarnos mucho que si se utiliza el dinero para construir una escuela los donantes estarán muy contentos, aunque lo que pase dentro de dicha escuela no importe mucho.

Ayudar a un pobre o salvar a un niño, no significa nada mientras no se especifique, ayudarlo a que o salvarlo de que.

Queremos trabajar para devolver a las comunidades un fuerte grado de protagonismo y de organización, diseñar con ellos nuevas formas de convivencia en las cuales mande la relación sobre el dinero, la solidaridad sobre el individualismo.

La formación de la conciencia es tan importante como la formación profesional.

Vuelve el dinero

¿Que pasa con el dinero? Este discurso quedaría vacío si no viniera acompañado de mecanismos concretos de decisión.

Una ruta de trabajo podría ser  incentivar a las ONGS del Sur para que busquen ellas misma los recursos en el Norte. Existe en cada país gente de buena fe, profesional, organizada, que no necesita ideas y estrategias para llevar a cabo sus proyectos sociales. Cada una de ellas podría instalarse en los países más rentables para la solidaridad internacional dejando casi sin objeto a un buen número de asociaciones recaudadoras de dinero. Este camino necesita de una buena inversión y como el dinero viene del Norte hay pocas posibilidades de que se materialice.

Somos conscientes de que los donantes europeos tanto públicos como privados requieren de una figura legal para transferir los fondos y es un error pesar en las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para buscar esta financiación directamente desde los países pobres. Es un error desde el punto de vista psicológico ya que probablemente los donantes potenciales no confíen directamente en las Organizaciones del Sur, es una paradoja pero eso es así.

Otro camino es la creación de redes solidarias, como la Red Comparte, que supone la unión en el trabajo de varias organizaciones del norte y del sur que deciden democráticamente sobre la estrategia global (a donde queremos ir) y en particular donde orientar los recursos y si es oportuno o no apoyar un nuevo programa en otro país o bien reforzar los existentes. No se empieza una campaña que no sea aprobada por todos.

Un ejemplo concreto, es reconocer que el dinero recaudado con imágenes de niños y gracias a un trabajo social intenso en el terreno pertenece a todos. En otras palabras el dinero recaudado en nombre de los pobre son recursos “legales” de la institución que los recauda, y a su vez son recursos “éticos” de las organizaciones de la red que sustentan el trabajo en el terreno.

El Desafío

El desafío de la pobreza es demasiado importante para que no se construyan alianzas tanto para trabajar en conjunto como para buscar financiación, con un fin de igualdad y solidaridad en el que todos tengamos algo que decir y decidir.

Somos de la generación de Porto Alegre que cree y lucha por que otro mundo se posible, asumiendo el legado de generaciones de luchadores que nos enseñaron el derecho a la búsqueda y al sueño. Su legado nos deja claro que no hay acciones sin ideología y que elegir o actuar es en sí un acto ideológico, seamos conscientes o no de ello.

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