Crecer Juntos – Tucumán: Las madres de la esperanza y los barrios privados tucumanos
Adolfo Pérez EsquivelVengo de acompañar a 60 mujeres, tejedoras de esperanzas en sus luchas cotidianas para alcanzar espacios de dignidad y libertad, viven en una provincia marcada por la violencia social, la discriminación, las injusticias y la ausencia del Estado en las zonas barriales. Mujeres que no han bajado los brazos frente a la adversidad y que reclaman los derechos que tienen como ciudadanas para ellas, sus hijos y sus esposos y compañeros. Aprendieron y crecieron como personas en la “Universidad de la Vida” donde fueron forjando la solidaridad y la unidad en la creatividad para generar espacios de resistencia social, cultural, espiritual y política.
Ahí están con su corazón y alegría compartiendo luchas en la resistencia y la esperanzas, con humildad, sin apuro, construyen nuevos caminos en sus comunidades “Crecer Juntos”, atendiendo y dando afecto, comida y apoyando las necesidades de cada uno de esos 600 niños que necesitan del amor y la ternura.
Leonor Cruz dice que todas ellas viven en “barrios privados”. Barrios que en otras partes queda elegante llamar “country” (hay que decirlo en inglés para tener status).
Dice que también en sus barrios tienen seguridad, más que en otros lados.
En la asamblea realizada en la sede de Crecer Juntos, los jóvenes contaron sus experiencias y problemas de la “seguridad”. Los barrios están rodeados de fuerzas de gendarmería, policías de diversas brigadas; que los detienen, requisan, golpean por la simple razón de ser pobres, de piel de color, (pareciera que es un delito ser pobre y no ser blanquitos y bien vestidos); esas fuerzas policiales generan más inseguridad; están para proteger a los ricos de la “amenaza de los pobres”.
Siempre tengo presente a Josué de Castro, quien fuera Director de la FAO y que, en su obra fundamental, que permanece en el tiempo “La geografía del hambre” dice:
“Los pobres no duermen porque tienen hambre, y los ricos no duermen porque tienen miedo a los que tienen hambre”.
La única forma para que todos y todas duerman tranquilos es la distribución de la riqueza, en la construcción democrática y la vigencia de los DD.HH.
Son espacios a construir a través de la participación del pueblo y su protagonismo.
La injusticia y desinterés del gobierno tucumano en resolver los problemas sociales que afectan a los chicos y chicas que provienen de hogares cadenciados y familias desempleadas que sufren la discriminación en las escuelas y que les impiden estudiar si no pagan el seguro y la cooperadora y por tal motivo no quieren inscribirlos; son expulsados y se les niega la escolaridad.
El gobierno tucumano que viola la Constitución Nacional; La Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención contra la Discriminación en la Educación -UNESCO-, La Convención Internacional de los Derechos del Niño; La Ley de Educación Nacional Argentina, la Constitución Provincial del Gobierno de Tucumán, entre otros acuerdos y Tratados, como las leyes vigentes; los niegan con total impunidad vigentes se les niega la escolaridad.
Los reclamos son permanentes pero el gobernador de la provincia tucumana y sus funcionarios miran para otro lado, los pobres para ellos son “invisibles”,- considerados “no-personas” y no los registran.
Con la salud pasa lo mismo, necesitan ambular días y días para poder ser atendidos en los hospitales y centros de salud. ¿De qué democracia hablan?
Los medios de comunicación señalan el territorio de San Miguel de Tucumán, pobre y marginado “esos barrios privados”, los consideran “zona roja, peligrosa, delictiva, marginal, o la zona donde no entra ni la policía.
Para el sistema ser pobre es sinónimo de delincuencia, donde impera la droga, la violencia, la miseria y cuanto mal se presenta, siempre el pobre es culpable.
La hipocresía y la desinformación están a la vista.
Los “barrios privados” que señala Leonor son privados de agua, de luz, de asfalto, viviendas dignas, de escuelas, de centros de salud; “más privados imposible”.
Pero la voluntad, la conciencia, valores y la fuerza de las madres y jóvenes que les acompañan, fueron tejiendo la esperanza en la unidad y resistencia para atender a sus hijos y decir a la sociedad que ellas no están vencidas, que tienen la riqueza de la solidaridad y la fuerza para superar las injusticias, que “Crecer Juntos”, en 16 emprendimientos en las casas donde las madres preparan la comida, atienden los deberes de los hijos, hacen las compras comunitarias tienen la riqueza que el dinero no puede dar, la amistas, la solidaridad y el amor, que les permite crecer y desarrollar juntas para enfrentar las dificultades e injusticias sociales.
Es impresionante ver la alegría y la sonrisa de esos niños y niñas que sonríen a la vida con esperanza.
Es necesario reclamar al gobierno de la provincia de Tucumán que, en forma inmediata suspenda el cobro a los alumnos de cualquier tipo de arancel.
El gobierno tiene la obligación de suministrar los recursos económicos para que cada niño tenga la educación que se merece como ciudadano y ciudadana. Es necesario recuperar los valores y conciencia crítica en la educación pública para el desarrollo en libertad.
Atender y resolver los problemas que plantean los docentes que requieren salarios justos, formación y capacitación, ámbitos edilicios y condiciones dignas para ejercer el magisterio. Hay que recuperar la mística educativa y la fuerza de la esperanza del educador educando y el educando educador a fin de construir y crecer juntos.
Un país que no cuida a sus niños y no les da educación a la que tienen derecho, es un país que hipotecó el presente y perdió el futuro.
Las madres tucumanas son un ejemplo de lucha cotidiana, fecunda y transparente.
Organizaciones como Comparte, de Barcelona, fraterna y amiga que les acompaña les permite desarrollar los programas y objetivos fortaleciendo los vínculos entre las madres y sus hijos. Los “padrinos y madrinas” que Comparte fue motivando es la construcción de redes solidarias y acompañamiento de los niños y sus familias, es un signo de esperanza y solidaridad.
Los medios de comunicación que diariamente muestran todo el horror, la violencia y que pregonan y hacen eco sectores interesados en penalizar a los menores, bajar la edad de imputabilidad para dañarlos. Es necesario tener otra mirada, mas clara y profunda.
Un río con agua revuelta no permite ver el fondo, hay que esperar que calme y que el río se aquiete y el agua se vuelva transparente, y nos permita ver el fondo y contemplar la maravilla de la vida. Las madres de la esperanza saben de eso.
Buenos Aires, 21 de marzo del 2009







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