(APe).- La reacción socio-político-judicial se mueve por espasmos. Y sucede lo peor: los debates más profundos, más medulares, se dan con las esquirlas de la tragedia taladrando la piel social. Con la sangre aun tibia. Con los micrófonos y las cámaras puestos en la cara de las víctimas para violentar y enardecer. A los espectadores y a las propias víctimas. El debate sucede cuando no debe: una muerte provocada por un pibe es una extra sístole social. Es un sacudón de la tierra que se pisa. Es el cielo que se abre para que asome un Leviatán. Entonces lo que se discuta correrá por esos peligrosos carriles. Salpicado de ira, de sangre, de posturas extremas. De ausencia de un análisis serio y profundo que vuelva sobre por qué un niño termina matando. Qué recorrido histórico atravesó su vida, la de su familia, la de su barrio, la de su tierra, para que él terminara apretando un gatillo con el cerebro desolado, sin pensar, sin ser. Con un fuego en la nuca encendido por el desasosiego, la soledad intensa, el futuro impensable y el filtro para el sentir y el sufrir que se inhala por la nariz o por la garganta, que le cristaliza la cabeza y los pulmones.
Mientras el “gatillo fácil” continúa asesinando niños, legisladores nacionales de distinto pelaje político le han dado media sanción a un proyecto de ley que baja a 14 años la edad de la imputabilidad a los menores. Así, bajo el manto del miedo, se intenta una vez más victimizar a las víctimas. Ningún chico nace “chorro”. Por eso, lo repetimos: Ni un pibe menos.
Cuando a Elías Neuman, el más renombrado jurista penal del país, se le preguntó qué opinaba acerca de bajar la edad de imputabilidad a los menores que delinquen, respondió tajante: “Todo esto tiene tufillo de venganza, no de justicia. Ningún criminólogo del país va a decir que, si las penas son más duras, la delincuencia va a disminuir. Lo que hace que la delincuencia disminuya son medidas sociopolíticas, como el pleno empleo”.
El tufo a venganza, obviamente, es el que se desprende de una sociedad dominante, de mentalidad pacata, que se niega a ver más allá de sus narices las causas de la delincuencia juvenil, que irradia miedos a borbotones y exige más y más represión. Es la venganza de los que viven en la burbuja de un sistema tan caduco pero, para ellos, tan intocable. No es, pues, la venganza de los inocentes sino la de los culpables que, además, tienen sus representantes en el Congreso, lugar donde se dio media sanción en el Senado a un proyecto de ley que propone bajar la edad de imputabilidad de 16 a 14 años. De aprobarse, se mandará a las escuelas de la delincuencia –las prisiones- a nuevos contingentes de purretes cada vez más jóvenes. Todo en nombre de la “seguridad”.
El siguiente es una traducción preliminar al Documento de Observaciones y Recomendaciones que efectuara el Comité de Seguimiento de la CIDN al Estado Argentino como respuesta al Tercer Informe Oficial, en su 54ª Sesión, Ginebra, Junio de 2010.
(Lo marcado en negrita corresponde a las recomendaciones).
El Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (CASACIDN) presentó ante el Comité de Expertos de Naciones Unidas con sede en Ginebra, el tercer informe periódico alternativo de la Convención sobre los Derechos del Niño.
Sumado a la frágil implementación de la Ley Nº 26.061, la escasa información ha generado serias dificultades para la recopilación de datos en todos los niveles, desde el local al nacional. Las limitaciones en materia de producción y sistematización de información impactan directamente sobre las políticas de infancia. En este aspecto, resulta imprescindible que el Estado Argentino genere, de manera inmediata, un sistema único de información específica que permita establecer mecanismos de seguimiento, monitoreo y evaluación de las políticas públicas destinadas a la protección de los derechos de las niñas, niños y adolescentes.
Acorde a la Convención de los Derechos del Niño, que cumplió 20 años de vigencia en Argentina, se lleva a cabo cada cinco años por parte de los Estados Miembros una rendición de cuentas, para vigilar el avance en el cumplimiento de los derechos de niños, niñas y adolescentes.
El tercer informe –No Gubernamental- sobre la aplicación de los derechos del niño en Argentina, fue presentado también por miembros del Colectivo de Derechos de la Infancia y Adolescencia y el CELS. Con toda esa información el Comité recibe en la sesión de julio a los responsables del Estado Argentino para luego de cotejar ambos diagnósticos, hacer las recomendaciones pertinentes.
Después de dos años los legisladores se aprestan a debatir el proyecto de ley de la infancia a pesar de que fuera vetado por Alperovich. La curiosa historia de un niño que aprendió las reglas de la calle. (*)
Pascal es un artista callejero que desde hace tres años ofrece su música en el remozado Paseo de la Indenpendencia de calle Congreso primera cuadra. Tiene unos treinta y pico de años y veinte tocando su flauta traversa en la calle. Hace dos meses conoció al “chico de la paloma”.
Un número importante de personalidades y referentes sociales, académico y políticos subscriben el presente documento referido a la Seguridad desde una perspectiva democrática.
En tiempos que se busca instalar en la opinión pública (publicada) debates sobre seguridad nos parece éste un aporte rico para ahondar en dichos debates desde una concepción que sostenga la vida.
Fue una de las historias más conmovedoras de esta década. Empezó en Tucumán y terminó recorriendo el mundo. Un cuento de Disney para ver con un pañuelo en la mano y con final feliz asegurado. Al menos, es lo que en ese momento imaginaron las miles de personas que siguieron con atención la historia de Manuel Cruz, el niño que pasó a la fama como “el cartonero abanderado”, como lo bautizó LA GACETA en 2002.
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